PlumasPor: María Caridad Esquivel Díaz

Ilustración: Internet

De siempre, los nombres han tenido su origen. Ahao fue el escogido por el rey Fernando El católico para bautizar el suelo que hoy se conoce como Isla de la Juventud. Cuentan que la iniciativa del monarca tuvo sentido: Fray Bartolomé de las Casas, en su libro La historia de las Indias, escribió que un aborigen para referirse a este sitio utilizó la expresión “la isla abajo de Cuba”.

Todo parece indicar que, entonces, los soberanos entendían las voces con que los indios comunicaban sus puntos cardinales. Ahao decían cuando decían abajo; y el religioso monarca estampó su voluntad mediante Real Cédula en febrero de 1525: “Ahao se llama la tenencia” –me figuro que dijo– y así fue hasta que aquí llegaron otros hombres y, con ellos, otros nombres.

Quien escribe pudiera decir que mira y lo hace desde la Isla del tesoro, la de los piratas, la de las cotorras, la de la juventud… Pero lo hace desde Ahao.

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