Exclúyame, yo existo

construirAhora él dice que somos polvo en el viento; somos –dijo. Polvo tú, ella y yo… Polvo él, aunque no se esparce ni vibra. Polvo en el viento todos, en este mundo de los vivos –dice.

Y no creo que se trate de que recuerde la lira que dio título a aquella telenovela cubana de hace años; en su caso, la inspiración no va más allá de lo tangible. Debe ser una reflexión involuntaria, se sabe etéreo y juzga a todos.

Otros, que como él a la hora cero no cuentan para componer veranos, evocan máximas similares bajo la filosofía de “total, para morirse uno”; cavilación razonable si a la vanidad, la envidia, o a otros hedores cotidianos se refirieran. Pero no. Con ello se explican, quizás, ese levitar inanimado que, en la medida que ni germina ni levanta ni fragua, les da una que otra ganga. Gangas muy azarosas, por demás.

Y así se dejan andar por la vida. Pero aunque dormiten y rían y respiren, debe hastiar ese hueco adentro: en el caso de él, que no entiende los códigos del detalle, no sabe traer en sus manazas de hombre fuerte una flor para su amiga. Triste no haberse sentido nunca un niño bello.

Y miente –igual. Y araña, cual gato, si se le mide con Pinocho, a quien un hada madrina dio la capacidad de mover sus bracitos de palo y que, de portarse mal, le pone un par de orejas de burro y hace crecer su naricita suya que le hizo el viejo Geppetto un día de inspiración.

Polvo él –en efecto– que no canta a voz en cuello el Himno Nacional, que no dona su sangre, que no hace una guardia de honor, que no comparte su merienda, que no construyó su casa, que no dice una palabrota legítima.

Miradas desde Ahao tiene unos seguidores muy discretos, excepto honrosos amigos. Les confieso a todos que me dan pena ciertas musas. Si escribí tocante a él fue porque me hacen vivir los contrastes: mis milagros son obra y gracia de mi propia varita, soy piedra en el zapato, arena en los ojos, tormenta de arena, espina en la garganta, cordera irreverente. Y no concibo otras maneras de volar. Polvo él –aunque a veces parezca que aún no ha muerto.

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