Días, cantares, brindis

epitafio 6Por: María Caridad Esquivel Díaz

Si fuera por mí, los 31 de diciembre pasarían como pasan los 7 de febrero, los 10 de julio… En definitiva son horas que, igual, engrosan el tiempo que el almanaque organiza por números.

Claro que me gustan los regalos y las fiestas; y creo en la exclusividad de los adioses y las bienvenidas como cuestiones cotidianas. Me gusta mi gente, y el sabor de la comida de mi madre y de mi hija, don que heredaron de mi abuela Angelita. Pero por sobre todas las cosas, me gusta hacer de todos días, días especiales.

Eso traté de lograr en cada uno de los de 2014; ello, con la dosis de pecho abierto que lleva mi predilección por la labranza y los manantiales, intacta, al margen del recurrente consejo: “estás arando en el desierto”. Y me sumé a la celebración del último día del año según el calendario gregoriano.

Así es que, con las primeras luces, entré a un salón de espera para embarcar en una lancha –conseguí un boleto así, de hoy pa´mañana– para ir hacia La Habana, donde me esperaban para despedir el año viejo y esperar el nuevo.

Me puse unos ojos y un par de oídos de salir y eché a andar mientras subía el sol por los peldaños del cielo. Y ahí mismo empezó la fiesta: asientos de barco, agua de mar, gaviotas, puertos, terminal de ómnibus nacionales, la casita del piso 17 en un edificio de Nuevo Vedado, un sms desde Angola, mi Ledy, Manuel… Y otras maravillas.

Entonces, con cervezas Bucanero, brindamos por la vida; después, por la cuidad, por los peces, por la tarde y por la música… Y después seguimos brindando por todo.

“A tus atardeceres rojos / se acostumbraron mis ojos / como el recodo al camino…”, cantaba Serrat, y nosotros con él. Desde el balcón, una vista hermosísima: la Plaza de la Revolución, el Habana Libre, los rostros lumínicos del Che y Camilo; miles de azoteas, ventanas y banderas;  y en la casita, el aroma del cerdo asado, congrí, ajo, comino, limón…

“Y desafiando el oleaje /sin timón ni timonel / por mis sueños va, ligero de equipaje, / sobre un cascarón de nuez, / mi corazón de viaje…”, desafinaba esta cubana al filo de las nueve de la noche. Mi hija cantaba a coro lo mismo con María Teresa Vera, que con Silvio, que con Osmany García. A nuestros pies, estaba la ciudad. Llovían copos de música y coros sobre aquel abismo de luces que se veía desde nuestra altura.

Y el primer minuto de 2015 asistido por un himno de miles de victorias. “Al combate, corred bayameses, / que la Patria os contempla orgullosa…” Nuestras voces, miles de voces. Seguidas, veintiuna salvas disparadas al viento desde la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña, y el eco entró por los ventanales para estar en los abrazos, en la cena, en el brindis.

Después, entraron más cervezas por la puerta principal. Pude ver que eran Cristales. “Cuando el jilguero no puede cantar / cuando el poeta es un peregrino /cuando de nada nos sirve rezar / caminante no hay camino / se hace camino al andar…”, parecían dormirse, también, Sabina y Serrat.

Desperté, ya estoy de regreso; me trajo la resaca, creo. Y recuerdo el fin de 2014, así, dulcísimo, muy especialísimo. Quizás por eso no se me ocurre cómo hacer buenos los corrientes 7 de febrero, los 10 de julio, los días venideros… Escribo y las ideas me dan sed. Debe ser la resaca, ya se me pasará.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s